El Gran Meaulnes

El Gran Meaulnes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y charlaron un rato, despacio, amistosamente, contentos. Rápidamente cambió la actitud de la joven, se mostró menos altiva, menos firme, pero más nerviosa, como temiendo asustarse por anticipado por lo que Meaulnes iba a decirle. Se quedó junto a él, temblorosa, igual que una golondrina deseosa de alzar vuelo nuevamente después de haberse posado por un momento sobre el suelo.

—¿Por qué? ¿Para qué? —contestaba a las palabras de Meaulnes, con gran dulzura.

Finalmente, él se atrevió a pedirle permiso para regresar un día a la hermosa casa.

—Lo voy a esperar —respondió la muchacha, con timidez.

Ya se divisaba el fondeadero, cuando, deteniéndose sorpresivamente, pensativa, le dijo:

—Somos dos chiquilines, cometimos una locura. No debemos subir a la misma embarcación. Adiós, y no vaya tras de mí.

Meaulnes se quedó un momento desconcertado. Luego prosiguió su camino, cuando de pronto, a lo lejos, en el instante mismo de desaparecer entre los invitados, la muchacha se detuvo, y lo miró largamente por primera vez, sin que Agustín lograra entender si era un último ademán de despedida, o la prohibición de que la acompañase, o algo más que había olvidado decirle.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker