El Gran Meaulnes

El Gran Meaulnes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entramos en la clase y cada cual se sentó en su lugar. El nuevo estudiante se situó al lado de la columna, a la izquierda del largo banco donde Meaulnes ocupaba el primer lugar de la derecha. Gíraudat, Delouche y los otros tres del primer banco se habían apretado unos contra otros para dejarle espacio, como si lo hubieran arreglado de antemano.

A veces, en invierno, llegaban aves de paso como aquélla: marineros detenidos por los hielos en el canal, aprendices, viajeros bloqueados por la nieve. Se quedaban en el colegio dos días, un mes, casi nunca más tiempo. Cuando los veíamos por primera vez los observábamos con curiosidad, pero enseguida dejábamos de reparar en ellos y los confundíamos en el resto de los estudiantes.

A éste, en cambio, no lo olvidaríamos con tanta facilidad. Todavía recuerdo su persona singular y los raros tesoros que traía en la valija, colgada a su espalda. Primero fueron los lápices «con paisajes» que sacó para escribir su dictado. Por un agujerito en el mango, cerrando un ojo, se veía aparecer, opaca y con aumento, la basílica de Lourdes o algún monumento desconocido. Se quedó él con una, y el resto pasó de mano en mano. Después fue una cajita china para guardar plumas, repleta de compases y de divertidos instrumentos que llegaron hasta el banco de la izquierda para deslizarse silenciosa y disimuladamente, de unos a otros, bajo los cuadernos, para evitar que el señor Seurel se diese cuenta.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker