El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes —QuerÃa morirme. Y ya que no lo conseguÃ, el resto de vida que me queda lo usaré para divertirme, como un niño, como un titiritero. Lo abandoné todo. Ya no me queda padre, ni hermana, ni casa, ni amor. Lo único que tengo son compañeros de juego.
—Unos compañeros que ya lo han traicionado —le dije.
—Sà —respondió airado—. Un tal Delouche fue el culpable; adivinó que los tres harÃamos causa común. Corrompió a mi gente, que estaba tan bien entrenada. ¿Vieron qué bien dirigido estuvo el abordaje de anoche? Desde que era niño no organizaba nada tan perfecto.
Se quedó un momento pensativo y, como para desengañarnos sobre él, nos dijo:
—Si me acerqué a ustedes esta tarde fue porque esta mañana me di cuenta de que puedo divertirme más con ustedes que con los otros. Delouche, especialmente, me gusta muy poco. Es una idea valiente hacerse el hombrecito a los diecisiete años, y no hay nada que me moleste tanto como eso. ¿Les parece que podrÃamos darle un escarmiento?
—Claro que sà —respondió Meaulnes—. Pero ¿va a quedarse mucho tiempo con nosotros?
—No sé. Me gustarÃa hacerlo. Estoy tremendamente solo. No tengo más que a Ganache…