El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Durante la segunda parte de la pantomima, estoy viendo otra vez, sin poder recordar la causa, al «pobre Pierrot de las caídas» extrayendo de una de sus mangas una muñequita llena de salvado con la que representaba toda una escena trágica. En resumen, terminaba haciéndole salir por la boca todo el salvado que le llenaba la barriga. Después, con unos tremendos gritos, la cubría de golpes y, en el instante de la máxima atención, cuando todos los espectadores, boquiabiertos, tenían los ojos fijos en la pegajosa y despanzurrada hija del pobre Pierrot, éste la sujetó de pronto por el brazo y la arrojó, con toda su furia, a través de los espectadores, a la cara de Jazmín Delouche, rozando una de sus orejas, para ir a aplastarse luego contra el pecho de la señora Pignot, debajo de su barbilla. La panadera lanzó un espantoso grito, se echó atrás con violencia y todas sus vecinas la imitaron tan bien que el banco se rompió y la panadera, con Fernanda y la pobre viuda Delouche y otras veinte más cayeron con las piernas al aire, entre carcajadas, gritos y aplausos, mientras el gran payaso se levantaba para saludar y decir:
—Tenemos el placer, señoras y caballeros, de darles a ustedes las más expresivas gracias.