El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes —A mà lo que me gustarÃa es viajar en coche, en medio de una lluvia tremenda y escondido debajo de un gran paraguas.
—Y leer a lo largo del camino, como si estuvieses en una casa —agregó otro.
—Ni llovÃa, ni querÃa leer —dijo Meaulnes—. Sólo pensaba en mirar el panorama.
Como Giraudat preguntó de qué panorama se trataba. Meaulnes volvió a enmudecer y entonces JazmÃn exclamó:
—Ya sé. ¡Es aquella famosa aventura!
HabÃa dicho estas palabras en tono condescendiente y dándose importancia, como si estuviera un poco en el secreto. Pero no sirvió de nada, tuvo que guardarse sus insinuaciones. Al anochecer, se fueron todos corriendo, cubriéndose la cabeza con la blusa, bajo el frÃo aguacero.
El tiempo continuó lluvioso hasta el jueves siguiente. Y éste fue todavÃa más triste que el anterior. Todo el campo se envolvÃa en una especie de bruma helada, como en los peores dÃas de invierno.