El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Mis compañeros, como buenos aldeanos, a quienes nada sorprende, no se admiraban por tan poca cosa.
—¡Era un casamiento, vamos! —exclamó Boujardon. Delouche habÃa visto uno, en Preveranges, más extraño todavÃa. En cuanto al castillo, seguramente se encontrarÃa en el lugar gente que hubiera oÃdo hablar de él.
En cuanto a la muchacha, Meaulnes se casarÃa con ella apenas concluyera su servicio militar.
—TenÃa que habérnoslo contado —agregó uno— y mostrarnos el plano, en vez de complicarse con un titiritero.
Desorientado por mi fracaso, quise aprovechar la oportunidad para excitar la curiosidad de los chicos: me dispuse a contarles quién era el titiritero, de dónde venÃa su extraño destino. Boujardon y Delouche no quisieron escuchar más:
—Ése es el causante de todo. Él volvió a Meaulnes intratable… ¡A Meaulnes, que era un compañero tan bueno! Él fue quien inventó todas esas estupideces de abordajes y ataques nocturnos, después de habernos organizado como ejército escolar.
—Sabes —dijo JazmÃn, mirando a Boujardon y moviendo lentamente la cabeza—, hice muy bien en denunciarlo a los gendarmes, por el daño que hizo en el pueblo y el que habrÃa podido hacer.