El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes —El señor de Galais ofrecÃa fiestas para distraer a su hijo, un muchacho raro, lleno de ideas insólitas. Para divertirlo imaginaba todo lo que era posible. HacÃa venir gente joven de ParÃs y de otros sitios… Los Arenales se venÃan abajo, la señora de Galais casi agonizaba y todavÃa procuraban distraer a ese jovencito, consintiéndole todos sus caprichos. Fue durante el último invierno… no, el anterior, cuando dieron la más importante fiesta de disfraz. La mitad de los invitados venÃan de ParÃs; los demás eran labriegos. Compraron o alquilaron gran cantidad de maravillosos vestidos, juegos, caballos, embarcaciones… todo para entretener a Frantz de Galais. Según se decÃa, se estaba por casar, y lo que se celebraba era su compromiso… Pero era demasiado niño, y todo se derrumbo de golpe. El escapo, sin que se lo volviera a ver nunca más… Al morir la señora, la hija se ha quedado de pronto sola con su padre, el ex capitán de barco.
—¿No está casada? —pregunté por fin.
—No… no he oÃdo decir tal cosa. ¿Acaso quieres cortejarla?
Muy turbado, le confesé, en pocas palabras y con toda la discreción posible, que acaso mi mejor amigo, AgustÃn Meaulnes, fuera un pretendiente.