El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Pero él se niega a escuchar. Con voz apagada por las lágrimas, desdichado, terco, furioso, insiste:
—¿Asà que Meaulnes ya no se ocupa de m� ¿Por qué no contesta cuando lo llamo? ¿Por qué no cumple su promesa?
—Vamos, Frantz —le contesto—; se acabó el tiempo de las fantasmagorÃas y de las chiquilladas… No turbe con sus locuras la felicidad de aquéllos a quienes ama: su hermana y AgustÃn Meaulnes.
—Pero es que sólo él puede salvarme, usted lo sabe. Solamente él puede hallar la pista que busco. Pronto harán tres años que Ganache y yo recorremos toda Francia sin resultado alguno… Sólo en su amigo confiaba aún. Y ahora él deja de contestarme… Ya encontró su amor, ¿por qué no piensa ahora en m� Es preciso que se ponga en camino. Ivonne lo dejará partir, nunca me ha negado nada…