El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes NO del todo tranquilo, presa de una vaga inquietud que el feliz desenlace de lo sucedido la víspera no había alcanzado a disipar, tuve que encerrarme en la escuela todo el día siguiente. Apenas terminada la hora de «estudio» que sigue a la clase de la tarde, me encaminé hacia los Arenales. Anochecía ya cuando llegué a la calle de abetos que conducía hasta la casa. Ya habían cerrado los postigos. Temí importunar presentándome a esa hora, al día siguiente a una boda. Hasta muy tarde me demoré paseándome por el fondo del jardín y los campos cercanos, esperando a cada instante ver salir alguien de la casa cerrada. Pero mis esperanzas quedaron frustradas, y tuve que regresar a mi casa, atormentándome con las más sombrías conjeturas.