El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Hubo, sin embargo, una buena noticia, que transmità a Millie cuando se decidió a preguntarme por la recién casada. Yo temÃa las preguntas de mi madre, su manera, tan inocente y maliciosa a la vez de turbarnos, llegando a nuestros pensamientos más ocultos. Todo lo impedà anunciándole que la joven esposa de mi amigo Meaulnes serÃa madre en octubre.
Yo recordaba para mi fuero interno el dÃa en que Ivonne de Galais me insinuó la gran novedad. Se produjo entonces un silencio, que en cuanto a mà respecta respondÃa a un leve desasosiego de hombre joven. Y le dije de manera mesurada, para reaccionar contra mi timidez, advirtiendo demasiado tarde el drama que avivaba asÃ:
—¡Qué feliz debe sentirse!
Pero ella, sin pensar, sin reservas, remordimiento ni rencor, habÃa respondido con una bella sonrisa de dicha:
—SÃ, soy muy feliz.