El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Harto de luchar, abandono aquel sitio y me dirijo a esa callejuela angosta y baja, entre el Sena y Nôtre Dame, donde conozco la ubicación aproximada de la casa. Solo, voy y vengo. De vez en cuando, una criada o un ama de casa salen de compras bajo la llovizna, antes de que anochezca. Nada hay aquà para mÃ; me marcho… Entre la lluvia cuya claridad retrasa la noche, vuelvo a cruzar la plaza donde tenÃamos que encontrarnos. Hay más gente que antes, una densa multitud…
Suposiciones, desesperación, cansancio. Me aferro a esta idea: mañana. Mañana a la misma hora volveré a esperarla en aquel mismo sitio. ¡Y cuánto apuro tengo de que llegue mañana! Hastiado, imagino la tarde de hoy, y después la mañana siguiente, que pasaré sin hacer nada. Pero ¿no ha concluido ya, casi el dÃa de hoy? De regreso en casa, junto al fuego, oigo anunciar los diarios de la noche. Sin duda, desde su casa perdida, no sé dónde, en la ciudad, cerca de Nôtre Dame, ella también lo oye.
Ella… es decir, Valentine.