Amor redentor
Amor redentor —Ella ya no te pertenece, Duke —dijo Miguel, con una voz que resonaba como una sentencia. Duke se levantó tambaleándose, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano. —Esto no ha terminado —gruñó antes de desaparecer en las sombras.
Miguel se giró hacia Ángela, su expresión suavizándose al ver el miedo en sus ojos. —¿Estás bien? Ella asintió, incapaz de hablar, y se dejó abrazar por él. Por primera vez, el calor de alguien más no se sentía como una amenaza, sino como un escudo.
De regreso en la casa, Miguel no dijo nada, solo la llevó a la mesa y le ofreció una taza de té caliente. —No tienes que enfrentarlo sola, Ángela. No más.
Sus palabras eran un bálsamo, pero también un desafío. Ángela sabía que la única forma de liberarse del pasado era enfrentarlo de frente, sin seguir huyendo. Miguel había arriesgado todo por ella, y ahora era su turno de decidir si tenía el valor para luchar por algo más que su supervivencia.
Esa noche, mientras el silencio cubría la casa, Ángela se dio cuenta de algo. Las sombras que la perseguían no desaparecerían por sí solas. Tendría que encontrar la fuerza para quemarlas y caminar hacia la luz.