Amor redentor
Amor redentor Esa noche, mientras el silencio cubría la casa, Ángela se dio cuenta de algo. Las sombras que la perseguían no desaparecerían por sí solas. Tendría que encontrar la fuerza para quemarlas y caminar hacia la luz.
La calma que siguió al enfrentamiento era extraña, casi irreal. Ángela observaba a Miguel mientras descansaba, sus heridas recién vendadas, y sintió algo que nunca antes había sentido: gratitud sincera. No por lo que él había hecho por ella, sino por la fe inquebrantable que había depositado en su capacidad para cambiar.
Los días pasaron y, aunque Miguel insistía en que estaba bien, Ángela sabía que el enfrentamiento con Duke había cobrado su precio. Pero también sabía que no podían seguir viviendo bajo la sombra del miedo. Tenía que enfrentarse a su pasado una última vez, no con el objetivo de huir, sino para romper las cadenas que la habían atado durante años.
—Miguel, tengo que hacerlo —le dijo una mañana mientras desayunaban. Él alzó la mirada, sabiendo exactamente a qué se refería. —No tienes que enfrentarlo sola. Estoy contigo.
