Amor redentor
Amor redentor Con el corazón roto, la niña salió al jardín, fingiendo obediencia. Entre las flores, arrancaba los pétalos de una margarita mientras susurraba: “Me quiere, no me quiere” . Desde la ventana, las voces de sus padres llegaron como cuchillos.
—Te lo dije, Marisol. No quería una hija. Ya tengo suficientes con mi esposa. —¡Cómo puedes hablar así! —replicó ella, con la voz quebrada—. Es tu sangre, Alejandro.
Sara no pudo escuchar más. Se escondió entre los rosales, conteniendo las lágrimas. La figura de Alejandro desapareció al galope, y con él, cualquier esperanza infantil. Marisol salió a buscarla, con una sonrisa que apenas ocultaba un rostro marcado por la tristeza. —Vamos, querida. Haremos un pícnic junto al riachuelo. Todo estará bien.
Pero no estaba bien. Sara lo sabía. El príncipe que tanto había esperado no era más que una sombra fría en su mundo. A partir de ese día, el azul dejó de ser su color favorito.
