Amor redentor
Amor redentor El tiempo avanzó y el rostro de Marisol perdió su color. Su energÃa se esfumó como si cada dÃa sin Alejandro le robara un poco más de vida. Sara hacÃa todo lo posible para animarla: le traÃa flores, le cantaba canciones que solÃan entonar juntas, pero la sombra del abandono era demasiado fuerte.
—Mamá, ¿cuándo volverá papá? —preguntó una tarde, con la esperanza aún asomando en su voz. Marisol se giró lentamente hacia ella. Sus manos temblaban mientras intentaba esbozar una sonrisa. —No lo sé, querida. Pero… pase lo que pase, siempre me tendrás a mÃ.
Esa respuesta no llenó el vacÃo en el corazón de Sara. Al contrario, lo amplió. Esa noche, mientras Marisol se encerraba en su habitación, Sara caminó hacia el riachuelo cercano. El cisne de cristal estaba en su mano, frÃo y brillante bajo la luna. —Si no me quiere, yo tampoco lo quiero a él —murmuró, y con todas sus fuerzas, lanzó el cisne al agua.
El sonido del cristal al romperse fue como un eco en la soledad de la noche. Pero el alivio que buscaba no llegó. En su lugar, un sentimiento más oscuro comenzó a crecer dentro de ella: la sensación de que no era suficiente, de que nunca lo serÃa.