Duna
Duna Jessica dio un paso al frente, su tono firme. —Somos aliados, Stilgar. Luchamos contra el mismo enemigo. El hombre la estudió en silencio, evaluando su postura y su mirada. Finalmente, asintió. —Tal vez. Pero primero, debemos ver si ustedes pueden vivir como nosotros.
Paul y Jessica fueron llevados a un sietch, el refugio secreto de los Fremen. Allí, Paul comenzó a ver la verdadera fuerza de esta gente, endurecida por el desierto pero unida por un propósito común: resistir al Imperio y a los Harkonnen. Chani, una joven de mirada feroz y curiosidad latente, fue la primera en desafiarlo.
—¿Por qué debería importarnos quién eres? —preguntó, acercándose con una mezcla de desafío y curiosidad. Paul sostuvo su mirada. —Porque lo que empieza aquí cambiará todo. No solo para Arrakis, sino para toda la galaxia.
A medida que los días pasaban, Paul comenzó a adaptarse. Aprendió a caminar con el ritmo de las dunas para evitar atraer a los gusanos de arena, a cazar para obtener agua de los cuerpos y a comprender la reverencia de los Fremen por Shai-Hulud, las criaturas colosales que dominaban el desierto.