Duna
Duna Jessica apretó su hombro. —Los Fremen lo hacen. Y tú también lo harás.
El destino los guio hacia un refugio en las rocas, un espacio estrecho que los protegÃa del calor abrasador del dÃa y del frÃo cortante de la noche. AllÃ, Paul comenzó a experimentar algo nuevo, algo profundo. La especia impregnaba el aire, y cada inhalación parecÃa abrir puertas en su mente. Las visiones se hicieron más claras: batallas, multitudes gritando su nombre, un rÃo de sangre fluyendo bajo el cielo ardiente.
—¿Qué me está pasando? —susurró, con los ojos brillando de un azul que comenzaba a ser más intenso. Jessica lo observó con preocupación. —La especia está despertando algo en ti. Algo que ni siquiera yo entiendo del todo.
Mientras descansaban, el sonido de pasos rompió la tranquilidad. Una figura emergió de las sombras: Stilgar, el lÃder de los Fremen. VestÃa un destiltraje desgastado que conservaba hasta la última gota de humedad de su cuerpo, y su mirada era la de un hombre acostumbrado a sobrevivir en el desierto más implacable.
—Asà que los rumores eran ciertos —dijo Stilgar, cruzando los brazos—. El hijo del Duque ha escapado.