Duna
Duna Sin embargo, la integración no estaba exenta de conflictos. Paul tuvo que demostrar su valÃa enfrentándose a Jamis, un guerrero Fremen que lo retó por dudar de su fortaleza. La lucha fue rápida y brutal, y Paul, usando las técnicas de combate que habÃa aprendido desde niño, salió victorioso. Mientras el cuerpo de Jamis era envuelto y llorado, Paul sintió el peso de su nueva realidad.
—Has probado ser uno de nosotros —dijo Stilgar, con una mezcla de respeto y gravedad—. Pero el desierto nunca deja de probarte.
Esa noche, mientras el viento cantaba a través de las grietas de las rocas, Paul miró las estrellas y comprendió que su vida en Caladan era un recuerdo lejano. AquÃ, en el desierto, el hijo del Duque estaba desapareciendo, y en su lugar surgÃa algo nuevo, algo que ni siquiera él podÃa nombrar todavÃa.
El desierto no solo lo habÃa aceptado. Lo estaba transformando.
La arena se extendÃa como un océano interminable bajo un cielo abrasador. Paul Atreides, ahora conocido entre los Fremen como Muad’Dib, avanzaba con pasos seguros junto a Stilgar y su tribu. Su destiltraje, que conservaba cada gota de humedad de su cuerpo, lo marcaba como uno de ellos. Ya no era un forastero, sino un hombre moldeado por las dunas y las tormentas de Arrakis.