Duna
Duna —Muad’Dib… —la voz del Emperador resonó en la cámara cuando Paul irrumpió, cubierto de polvo y sangre. Su tono oscilaba entre el desprecio y el miedo—. ¿Eres un hombre o un monstruo creado por este desierto?
Paul lo miró fijamente, sus ojos azules brillando con una intensidad que parecÃa sobrenatural. —Soy lo que tú y los Harkonnen me obligaron a ser.
La confrontación culminó cuando Feyd-Rautha, el despiadado heredero Harkonnen, se enfrentó a Paul en un combate singular. El duelo fue feroz, con cada golpe cargado de odio y desesperación. Feyd sonrió, confiado en su victoria. —Muad’Dib —se burló—, ¿crees que un mito puede vencer al acero?
Paul, con movimientos rápidos y precisos, esquivó su ataque y encontró la apertura. —No soy un mito. Soy el futuro.
Con un giro final, Paul derrotó a Feyd, y su cuerpo cayó al suelo de la sala del trono. El silencio llenó el espacio mientras el Emperador y los presentes miraban al joven lÃder con una mezcla de asombro y terror.
—RÃndete, o tu reinado terminará aquà —declaró Paul, apuntando al Emperador con una mirada que no dejaba lugar a dudas.
El Emperador, consciente de que su poder habÃa sido destrozado, cedió. Los Sardaukar depusieron sus armas, y el destino de la galaxia cambió en ese instante.