Duna
Duna Arrakis no era un premio, sino una trampa disfrazada de oportunidad. Leto lo sabÃa, aunque se guardaba sus peores temores. La Casa Atreides habÃa sido enviada a gobernar el planeta bajo un decreto imperial, pero los Harkonnen, sus antiguos enemigos, no habÃan abandonado realmente el lugar. Todo era un juego mortal, un tablero donde las piezas eran vidas humanas.
La Fortaleza de Arrakeen, el nuevo hogar de los Atreides, era frÃa y funcional, con muros que intentaban mantener la arena afuera, pero nunca del todo. Paul exploraba los pasillos oscuros, mientras los murmullos de los sirvientes hablaban de peligros que acechaban en la noche.
—Debes estar alerta, muchacho —le dijo Thufir Hawat, el maestro de asesinos de su padre—. AquÃ, la traición está en el aire, como el polvo.
A medida que los dÃas pasaban, Paul comenzó a sentir una presencia en la atmósfera de Arrakis. Algo en la especia, un polvo que teñÃa todo de un aroma dulce y que era el recurso más valioso del universo, parecÃa alterar su mente. Las visiones que antes aparecÃan en sus sueños se intensificaron, mostrando caminos posibles, futuros en los que la muerte y el poder estaban entrelazados.
