Herejes de Duna
Herejes de Duna —¿Crees que podremos controlarla? —preguntó Odrade.
Taraza la miró con una dureza que no admitía dudas. —No necesitamos controlarla. Solo necesitamos que siga viva.
Duncan Idaho estaba en el centro del campamento, entrenando a un grupo de sobrevivientes que habían decidido unirse a la resistencia. Aunque aún llevaba el peso de sus memorias pasadas, su mirada ahora estaba fija en el futuro.
—La guerra no ha terminado —dijo a sus hombres, mientras ajustaba su espada. —Solo hemos ganado tiempo.
Lucilla lo observaba desde la distancia, su corazón dividido entre la admiración y la preocupación. Duncan era más que un guerrero; era un símbolo de lo que la Bene Gesserit había intentado crear, y de lo que podría destruirlas.
—¿Qué harás cuando ellos regresen? —preguntó, acercándose finalmente.
Duncan se giró hacia ella, sus ojos brillando con una intensidad feroz. —Lucharé. Y si es necesario, moriré otra vez.