Herejes de Duna
Herejes de Duna —¿Por qué este proyecto sigue adelante? —insistió Schwangyu—. Estamos arriesgando demasiado con él.
Lucilla no respondió inmediatamente. En lugar de eso, bajó la mirada al niño. HabÃa algo inquietantemente sereno en su rostro, una calma que no debÃa pertenecerle. "¿Qué guardas en tu interior?", pensó.
—Es una orden de Taraza, la Madre Superiora —respondió finalmente Lucilla, dejando caer la frase como un muro entre ellas.
Schwangyu rió con amargura. —¿Y cuando su orden nos condene? ¿También obedecerás?
La tensión se rompió cuando el niño alzó la mirada. Sus ojos eran demasiado adultos, demasiado conscientes. Por un instante, Lucilla sintió que él las habÃa escuchado.
En otra parte de la galaxia, la Dispersión habÃa traÃdo consigo más que refugiados. Las Honoradas Matres, descendientes de las Bene Gesserit, regresaban con un salvajismo que desafiaba todo lo conocido. Su único propósito: dominar. Y el Mundo Conocido estaba peligrosamente desprevenido.
