Herejes de Duna
Herejes de Duna Rakis, el desértico planeta de los gusanos gigantes, albergaba un secreto que las Bene Gesserit no podÃan ignorar. Sheeana, una niña con el don de controlar a las bestias del desierto, era tanto un milagro como una amenaza. La Hermandad habÃa enviado observadores, pero los rumores se extendÃan: la niña podÃa caminar entre los gusanos sin ser tocada.
—¿Es ella la respuesta? —preguntó Taraza en la Cámara de la Madre Superiora, sus palabras cortando el silencio.
Odrade, una Reverenda Madre cuya conexión con el pasado Atreides era tanto un don como una carga, asintió lentamente. —PodrÃa serlo. Pero también podrÃa destruirnos.
Taraza inclinó la cabeza. —Entonces debemos actuar antes de que lo haga.
En Rakis, Sheeana se encontraba en la cima de una duna, el viento jugando con su cabello. El gusano gigante, Shai-Hulud, se alzaba frente a ella, una montaña viviente que deberÃa haberla devorado. En cambio, se inclinó, como si la estuviera saludando.
La niña sonrió, su mirada fija en el horizonte. El desierto estaba lleno de secretos, pero ninguno tan profundo como el suyo.
