Herejes de Duna
Herejes de Duna Los ecos de la Dispersión resonaban por toda la galaxia. La Bene Gesserit, las Honoradas Matres, los gholas y Sheeana eran piezas en un juego cuyas reglas apenas comenzaban a revelarse. Sin embargo, algo era claro: el tablero ya no era el mismo, y las primeras jugadas definirÃan el destino de todos.
—La guerra está cerca —dijo Taraza, su voz un susurro que se perdió en las sombras.
¿Quiénes serÃan los sobrevivientes?
El aire en el Alcázar de Gammu era denso, cargado con el peso de secretos y conspiraciones. En una sala austera, iluminada por la luz frÃa de las lámparas suspendidas, Taraza miraba al ghola mientras Lucilla permanecÃa inmóvil a su lado. El niño estaba sentado frente a ellas, sus ojos oscuros examinando a las dos mujeres con una curiosidad que parecÃa demasiado consciente para su edad.
—¿Entiende quién es? —preguntó Taraza, sin apartar la vista del joven.
Lucilla negó con la cabeza. —No lo sabe... aún. Pero es evidente que intuye algo.
—Entonces debemos asegurarnos de que esté listo cuando lo descubra —replicó Taraza, con una dureza que no dejaba espacio para dudas.
