Herejes de Duna
Herejes de Duna El ghola era el centro de un proyecto que dividÃa a la Hermandad. Muchos, como Schwangyu, lo veÃan como un riesgo inaceptable, una herencia peligrosa de los Atreides y sus fallidos experimentos. Pero Taraza era inflexible: Duncan Idaho no solo era una reliquia del pasado, sino una clave para el futuro.
Mientras tanto, Schwangyu conspiraba en las sombras. Para ella, el proyecto no era solo un error; era una herejÃa que amenazaba con fracturar a la Hermandad. Sus espÃas trabajaban para descubrir los verdaderos motivos de Taraza, pero cada respuesta que obtenÃa solo añadÃa más dudas.
—La niña de Rakis —dijo uno de sus informantes, inclinándose hacia ella en la penumbra de una sala secreta. —Es el eslabón que lo conecta todo.
—Entonces necesitamos más información sobre ella —ordenó Schwangyu, sus labios tensándose en una lÃnea delgada.
En Rakis, Sheeana caminaba sola por las arenas infinitas, acompañada únicamente por los ojos atentos de los gusanos gigantes. Los habitantes de la ciudad de Keen la miraban con una mezcla de reverencia y miedo, susurrando historias sobre la niña que podÃa controlar a las bestias.
—Ellos no entienden, Shai-Hulud —dijo Sheeana al gusano que la seguÃa a la distancia, su voz apenas un murmullo llevado por el viento.
