La asistenta te vigila (La asistenta 3)
La asistenta te vigila (La asistenta 3) Dentro del sobre había una sola nota, escrita con letras apretadas y torcidas: Ten cuidado con lo que encuentras. Algunas cosas deben permanecer enterradas.
Millie sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Cerró la puerta y puso todos los cerrojos. El mensaje era claro, pero no podía dejarlo así. Al día siguiente, con la carta de las iniciales L.L. en el bolsillo, se dirigió a casa de los Lowell.
—¡Millie! Qué sorpresa verte —dijo la señora Lowell al abrir la puerta, con su sonrisa de anfitriona perfecta.
Millie no se dejó engañar por su amabilidad. —Necesito preguntarle algo —dijo, sacando la carta del bolsillo.
La sonrisa de la señora Lowell se desvaneció al ver las iniciales. Por primera vez, su rostro mostró una emoción real: pánico.
—¿Dónde encontraste eso? —preguntó en un susurro urgente. —Estaba enterrado en mi jardín —respondió Millie.
La señora Lowell la tomó del brazo y la llevó dentro, cerrando la puerta con rapidez. —No sabes lo que has hecho —dijo, con el rostro pálido—. Hay cosas que es mejor no desenterrar.