La asistenta te vigila (La asistenta 3)
La asistenta te vigila (La asistenta 3) Millie dejó caer los platos que estaba lavando y corrió hacia su hija. La caja estaba deteriorada, pero intacta. Dentro había fotografías en blanco y negro, documentos y una llave oxidada. La imagen más reciente mostraba a una mujer joven en la misma casa que ahora era suya. Su rostro era hermoso, pero algo en su expresión la hizo estremecerse.
—¿Quién es? —preguntó Ada con un hilo de voz.
Millie no tenía respuesta, pero no podía apartar la mirada de la fotografía. La casa detrás de la mujer se veía igual que ahora, pero algo en la imagen le provocaba una sensación sofocante, como si el pasado estuviera intentando abrirse paso a través del presente.
Esa noche, mientras su esposo y los niños dormían, Millie volvió a examinar el contenido de la caja. Había una carta firmada con las iniciales L.L., las mismas que adornaban el buzón de los Lowell. Intentó sacarse esa idea de la cabeza, pero las coincidencias eran demasiadas.
—No puede ser —murmuró para sí misma.
De repente, el timbre sonó, un golpe seco que hizo eco en el silencio de la casa. Millie se levantó de un salto, con el corazón acelerado. Miró por la mirilla, pero no había nadie. Abrió la puerta con cautela y vio algo en el suelo: un sobre sin remitente.