La asistenta te vigila (La asistenta 3)
La asistenta te vigila (La asistenta 3) Millie sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Todo lo que brilla es oro. Las palabras resonaron en su mente mientras volvía a casa.
Cuando entró, encontró a su esposo en la sala con una expresión seria. —¿Dónde estabas? —preguntó él, casi con desesperación. —Solo salí a caminar —respondió Millie, confundida. —¿Por qué dejaste la puerta abierta?
Millie frunció el ceño. —No dejé la puerta abierta.
Pero la cerradura mostraba marcas, como si alguien la hubiera forzado.
El vecindario tranquilo comenzaba a mostrar sus grietas. Y Millie no podía evitar sentir que había cometido un error al mudarse allí.
Las noches eran más largas en Locust Street, o al menos así lo sentía Millie. A pesar de las ventanas cerradas y las cortinas corridas, el aire parecía impregnado de una vigilancia invisible. Pero la extraña calma del vecindario se rompió la tarde que Ada, su hija mayor, encontró algo enterrado en el jardín trasero.
—¡Mamá! ¡Ven a ver esto! —gritó desde el patio, sosteniendo una vieja caja de madera cubierta de tierra.
