La asistenta te vigila (La asistenta 3)
La asistenta te vigila (La asistenta 3) La señora Lowell inclinó la cabeza, como si estuviera analizando cada palabra. —¿Y qué tal la casa? —preguntó. Su voz tenÃa una dulzura que sonaba falsa—. Es un vecindario tan tranquilo, ¿no creen?
Millie asintió. Pero esa misma tranquilidad era lo que comenzaba a ponerle los nervios de punta.
Esa noche, todo cambió.
De regreso en casa, Millie no podÃa dormir. Algo en la forma en que los Lowell los miraban —como si supieran algo que ellos no— no la dejaba en paz. Al asomarse a la ventana, volvió a ver esa sombra entre los árboles.
—¡Basta! —susurró para sà misma, cerrando las cortinas con fuerza.
Al dÃa siguiente, mientras barrÃa el porche, notó que la asistenta Elena estaba parada en la acera frente a su casa, inmóvil, observándola.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó Millie, intentando sonar casual.
Elena no respondió. Simplemente se dio la vuelta y caminó lentamente de regreso a la casa de los Lowell.
Esa tarde, Millie se topó con otra vecina, una mujer mayor que vivÃa al final de la calle. Mientras charlaban, la mujer la miró fijamente y bajó la voz: —Tengan cuidado con los Lowell. No todo lo que brilla es oro.
