La asistenta te vigila (La asistenta 3)
La asistenta te vigila (La asistenta 3) Las cenas en casa de los Lowell eran un ritual forzado. Millie aceptó la primera invitación con la esperanza de hacer amigos en el vecindario, pero al entrar en la impecable casa de la señora Lowell, se sintió pequeña, fuera de lugar. Todo brillaba, desde los suelos de madera hasta las copas de cristal que tintineaban con cada movimiento de los anfitriones.
La asistenta apareció en silencio, con una bandeja de aperitivos en las manos. Su uniforme blanco era perfecto, pero sus ojos, oscuros y calculadores, no dejaban de seguir a Millie.
—Ella es Elena —explicó la señora Lowell con una sonrisa demasiado amplia—. Nos ayuda a mantener todo en orden.
Millie intentó sonreírle, pero Elena no respondió. Ni siquiera pestañeó.
Durante la cena, los Lowell hicieron preguntas amistosas, pero había algo en su tono que inquietaba a Millie.
—¿Y de dónde vienen? —preguntó el señor Lowell, cortando su carne con movimientos calculados.
Millie notó cómo su esposo se tensaba, pero antes de que él pudiera responder, intervino: —De un poco más al norte. Queríamos un lugar tranquilo para los niños.
