La asistenta te vigila (La asistenta 3)
La asistenta te vigila (La asistenta 3) El interior era amplio, lleno de luz que atravesaba las grandes ventanas del salón. Las paredes lucÃan un papel tapiz floral, y aunque la casa tenÃa sus imperfecciones —los crujidos de las escaleras, la pintura descascarada en algunas esquinas—, para Millie era un paraÃso. Una nueva oportunidad, lejos de los secretos que habÃa dejado atrás.
—¡Mamá está besando las paredes otra vez! —gritó Ada, su hija de once años, asomándose desde las escaleras.
Millie soltó una carcajada. Todo era perfecto, o al menos eso parecÃa. Pero en el fondo, habÃa aprendido que la perfección era un disfraz frágil. Esa sensación se intensificó el dÃa que conoció a la señora Lowell, su vecina de al lado.
—¡Bienvenida al vecindario! —saludó la mujer desde su cerca blanca, sonriendo como si fuera la anfitriona de una fiesta eterna.
Millie la saludó, incómoda, mientras sujetaba la mano de Ada. La calidez de la señora Lowell se desvaneció apenas vio al esposo de Millie. Su sonrisa se congeló, y en su rostro apareció una expresión que Millie no pudo interpretar del todo: ¿reconocimiento? ¿Miedo?
