La asistenta
La asistenta Sus palabras suenan a consuelo, pero se sienten como un veneno envuelto en terciopelo. Él nunca está allà cuando Nina se comporta como una lunática, pero siempre aparece después, con palabras suaves, con una mirada que no cuadra con su sonrisa.
Cecelia, por su parte, se comporta como si supiera el guión de memoria. En público, dulce y reservada. A solas con Millie, una mezcla de niña perdida y pequeña sombra siniestra. Un dÃa, mientras la peina, Millie encuentra marcas moradas en sus brazos.
—¿Quién te hizo esto, Cece?
—Me caà —responde con rapidez ensayada, sin apartar la mirada del espejo.
Millie siente que su cabeza empieza a deshilacharse por los bordes. La casa, el trabajo, el encierro, el gaslighting constante de Nina… todo comienza a pesarle en el pecho. Y sin embargo, no se va. Porque lo necesita. Porque no tiene a dónde ir. Y porque hay algo aquà que no cuadra, una mentira enterrada tan hondo que está a punto de salir a la superficie.
Una noche, mientras baja al sótano a buscar productos de limpieza, escucha un ruido. Algo arrastrándose. Algo vivo. Pero cuando enciende la luz, no hay nada. Solo cajas cerradas. Y una, más nueva que las demás, con un candado brillante.