Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Quizá yo sea un poco cómplice en la génesis de ese nuevo ciudadano, pues en cierta ocasión hice a la futura madre, con toda intención, algunos comentarios muy serios sobre la perniciosidad del coitus reservatus[109]. Pero puede ser que esté errado.
Poco es, mi respetable amigo, lo que puedo contarle sobre otros temas. Mi pequeña Mathilde prospera espléndidamente y nos causa gran alegría. Mi práctica profesional, que como usted sabe no es muy considerable, se ha beneficiado recientemente gracias al renombre de Charcot[110]. El coche[111] me cuesta mucho, y el visitar a los pacientes, y disuadirlos, y convencerlos —que en eso consiste mi trabajo—, me roba la mayor parte del tiempo que podría dedicar a otra labor más útil. La anatomía del cerebro está donde estaba, pero la histeria progresa y ya se encuentra lista en su primera versión.
… Ayer hubo un escándalo mayúsculo en la Asociación Médica. Quisieron suscribirnos por la fuerza a un nuevo semanario destinado a difundir el puro, exacto y cristiano punto de vista de ciertos dignatarios que hace mucho han olvidado lo que es el trabajo. Naturalmente, consiguieron sus propósitos; tengo muchas ganas de renunciar.
Me apresuro a acudir a una consulta totalmente superflua con Meynert[112]. Le envío mis mejores augurios y le ruego que uno de estos domingos me escriba algunas líneas.