Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 28-5-88.
Mi querido amigo y colega:
Tengo ahora un pequeño motivo para escribirle, aunque bien podía haberle escrito hace tiempo sin motivo alguno. Helo aquí: la señora de A., que desde su desenmascaramiento como un caso de neurastenia cerebral crónica (si está usted dispuesto a admitir el término) y desde su aborto, etc., ha experimentado una espléndida mejoría con un mínimo de tratamiento y que ahora se encuentra muy bien, siente llegar el verano. Sus viejas preferencias la atraen a Franzensbad[113], pero yo le recomiendo una cura hidroterápica en las sierras. Ante tal alternativa, me pidió que le dejara a usted la decisión, lo que hago por la presente, expresándole mis condolencias. Yo había pensado en algún lugar sobre el lago de Lucerna, como Axenstein, de modo que si usted está de acuerdo, le ruego que me mande una tarjeta postal a vuelta de correo mencionando en ella el nombre de algún balneario, y tenga la seguridad de que en él se alojará la señora de A. durante el próximo verano. Lo único que le pido es que no vuelva a transferirme la decisión a mí, pues nuestra paciente no se conformaría: la magia de su prestigio es intransferible. Por favor, contésteme inmediatamente, pues mi promesa de escribirle ya cuenta diez días más que esta carta.