Moisés y la religión monoteísta

Moisés y la religión monoteísta

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Ya hemos expuesto repetidamente lo ocurrido en Qadeš cuando las dos componentes del posterior pueblo judío se reunieron para la adopción de una nueva religión. En el lado de los que habían estado en Egipto, los recuerdos del éxodo y de la figura de Moisés eran aún tan fuertes y vivos que exigían su incorporación a una crónica del pasado. Quizá eran los nietos de personas que habían conocido a Moisés mismo, y algunos de ellos todavía se sentían egipcios y llevaban nombres egipcios. Pero tenían sus buenos motivos para reprimir el recuerdo del destino deparado a su caudillo y legislador. Para los otros era decisivo el propósito de glorificar al nuevo dios y cuestionar su carácter foráneo. Ambas partes tenían el mismo interés en negar que entre ellos había habido una religión anterior y cuál había sido el contenido de esta. Así se produjo aquel primer compromiso que probablemente no tardó en ser fijado por escrito; la gente de Egipto había traído consigo la escritura y la afición a la historiografía, pero aún debía pasar mucho tiempo hasta que la historiografía reconociera la obligación de veracidad rigurosa. Por lo pronto, no tuvo ningún escrúpulo en configurar sus crónicas según sus necesidades y tendencias del momento, como si aún no hubiera descubierto el concepto de falseamiento. Como consecuencia de estas circunstancias, pudo desarrollarse un contraste entre la versión escrita y la transmisión oral del mismo asunto, la tradición. Lo omitido o adulterado en la transcripción muy bien pudo conservarse incólume en la tradición. La tradición era el complemento y al mismo tiempo la contradicción de la historiografía. Estaba menos sometida a la influencia de las tendencias distorsionantes, no pocas de sus partes tal vez sustraídas por entero a esta, y por eso podía ser más veraz que la crónica fijada por escrito. Pero su fiabilidad sufrió por el hecho de que era más inconsistente e imprecisa que la transcripción, estaba expuesta a múltiples modificaciones y desfiguraciones al pasar por comunicación oral de una generación a otra. Una tradición así podía tener diversos destinos. Lo que sobre todo deberíamos esperar es que sea aplastada por la crónica, que no pueda afirmarse junto a esta, que se torne cada vez más nebulosa y caiga finalmente en el olvido. Pero también son posibles otros destinos: uno de ellos es que la tradición misma termine fijándose por escrito y más adelante aún habremos de ocuparnos de otros.


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