Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Que el redentor se había sacrificado siendo inocente era una distorsión evidentemente tendenciosa que deparaba dificultades al pensamiento lógico, pues ¿cómo podría alguien inocente del homicidio asumir la culpa de los asesinos haciéndose matar a sí mismo? En la realidad histórica no se daba tal contradicción. El «redentor» no podía ser otro que el principal culpable, el caudillo de la liga fraterna que había derrocado al padre. Si tal rebelde principal y caudillo existió es algo que a mi juicio debe dejarse sin decidir. Es muy posible que sí, pero también debe tenerse en cuenta que cada uno de los integrantes de la liga fraterna tenía ciertamente el deseo de realizar la hazaña por sí solo, y procurarse así una posición de excepción y un sucedáneo de la identificación con el padre a la que había que renunciar, que debía desaparecer en la comunidad. Si tal caudillo no existió, entonces Cristo es el heredero de una fantasía de deseo que quedó incumplida; si existió, entonces es su sucesor y su reencarnación. Pero con indiferencia de que se trate de una fantasía o del retorno de una realidad olvidada, en todo caso es en este lugar donde se ha de hallar el origen de la representación del héroe, del héroe que siempre se subleva contra el padre y bajo cualquier figura. También el fundamento real de la «culpa trágica», de otro modo difícil de rastrear, del héroe en el drama. Apenas cabe dudar de que en el drama griego el héroe y el coro representan a este mismo héroe rebelde y a la liga fraterna, y no carece de significado que en la Edad Media el teatro renazca con la representación de la historia de la Pasión.