Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Los motivos más profundos del odio a los judíos hunden sus raíces en tiempos muy remotos, actúan desde el inconsciente de los pueblos y estoy preparado para que en principio no parezcan creíbles. Me atrevo a afirmar que aún hoy los otros no han superado los celos del pueblo que se presentó como hijo primogénito y predilecto de Dios-Padre, como si hubieran concedido crédito a tal pretensión. Además, entre las costumbres por las que los judíos se segregaron, la de la circuncisión hizo una impresión desagradable, siniestra, que sin duda se explica por la monición de la temida castración y toca por tanto una parte de buen grado olvidada del pasado protohistórico. Y por último, el motivo más reciente de esta serie, no debería olvidarse que todos estos pueblos que hoy en día se destacan en el odio a los judíos no se hicieron cristianos sino en épocas históricas tardías, con frecuencia compelidos a ello por sangrienta coacción. Podría decirse que todos ellos fueron «mal bautizados», que bajo un delgado barniz de cristianismo siguen siendo lo que fueron sus ancestros, devotos de un politeísmo bárbaro. No han superado su rencor contra la nueva religión a ellos impuesta, pero lo han desplazado a la fuente desde la cual les llegó el cristianismo. El hecho de que los Evangelios narran una historia que transcurre entre judíos y, propiamente hablando, solo trata de judíos, les ha facilitado tal desplazamiento. Su odio a los judíos es, en el fondo, odio a los cristianos, y no cabe sorprenderse de que en la revolución nacional-socialista alemana esta íntima relación entre las dos religiones monoteístas encuentre tan clara expresión en el hostil tratamiento de ambas.