Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta No obstante, la investigación analítica ha arrojado algunos resultados que nos dan que pensar. Ahí está ante todo la universalidad del simbolismo lingüístico. La representación simbólica de un objeto por otro –lo mismo es el caso en las acciones– es corriente y como que se da por descontado en todos nuestros niños. No podemos averiguar cómo la han aprendido, y en muchos casos hemos de admitir que es imposible aprenderla. Se trata de un saber originario más tarde olvidado por el adulto. Este emplea ciertamente los mismos símbolos en sus sueños, pero no los comprende si el analista no se los interpreta, y aun entonces no da de buena gana crédito a la traducción. Si se ha servido de una de las locuciones tan frecuentes en las cuales se encuentra fijado este simbolismo, debe admitir que su sentido genuino se le ha escapado por completo. El simbolismo, además, trasciende la diversidad de lenguas; las investigaciones probablemente arrojarían que es ubicuo, el mismo en todos los pueblos. Parece, pues, que aquí nos hallamos ante un caso seguro de herencia arcaica procedente de la época en que se desarrolló el lenguaje, pero siempre podría intentarse otra explicación. Podría decirse que se trata de vínculos cogitativos entre representaciones establecidos durante el desarrollo histórico del lenguaje y que ahora deben repetirse cada vez que se lleva a cabo individualmente un desarrollo lingüístico. Sería entonces un caso de herencia de una disposición cogitativa similar a la de una disposición instintiva, y de nuevo ninguna contribución a nuestro problema.