Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Con esto aún hacemos otra cosa. Estrechamos el abismo excesivamente grande, abierto en épocas remotas por el engreimiento humano, entre hombre y animal. Si los llamados instintos de los animales, que desde el comienzo les permiten comportarse en la nueva situación vital como si esta fuera antigua, ha tiempo conocida, si esta vida instintiva de los animales acepta una explicación en absoluto, solo puede ser la de que traen a la nueva existencia propia las experiencias de su especie, es decir, han conservado en sí recuerdos de lo vivenciado por sus antepasados. No otra cosa sucedería en el fondo con el animal humano. Su propia herencia arcaica, por más que de alcance y contenido diferentes, corresponde a los instintos de los animales.
Tras estas consideraciones, no tengo reparo alguno en expresar que los hombres siempre han sabido –de aquella manera especial– que antaño tuvieron un padre primitivo y lo mataron.