Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Dos preguntas más han de responderse aquí. En primer lugar, ¿bajo qué condiciones entra semejante recuerdo en la herencia arcaica?; en segundo lugar, ¿bajo qué circunstancias puede activarse, es decir, avanzar desde su estado inconsciente en el ello hasta la consciencia, aunque en forma alterada y distorsionada? La respuesta a la primera pregunta es fácil de formular: cuando el acontecimiento fue lo bastante importante o se ha repetido con la suficiente frecuencia, o ambas cosas. Para el caso del parricidio se cumplen las dos condiciones. En cuanto a la segunda pregunta, cabe señalar: puede entrar en consideración todo un cúmulo de influencias que no es preciso que sean todas conocidas; también es concebible un decurso espontáneo, análogo al proceso que se produce en muchas neurosis. Pero seguramente es de importancia decisiva el despertar de la huella mnémica olvidada merced a una reciente repetición real del acontecimiento. Una repetición así fue el asesinato de Moisés; más tarde, el presunto asesinato legal de Cristo, de modo que estos sucesos ocupan el primer plano de la causación. Es como si la génesis del monoteísmo no hubiera podido prescindir de tales incidentes. Se le viene a uno aquí a la memoria la frase del poeta: «Lo que inmortal ha de vivir en el canto debe primero sucumbir en la vida».