Autobiografía
Autobiografía Y el sacramental levanta en mí el divino
poderoso hermano en Dios y último compañero, el vino.
Simplemente pronuncié unas pocas palabras para decir que aquella ceremonia era digna de haberse celebrado hacía mil años en honor de algún gran poeta griego y que confiaba en que los sonetos y el vigoroso verso de Belloc permanecerían como las copas y los poemas épicos griegos grabados en ellas. Él agradeció, brevemente, las palabras con nostálgico buen humor y dijo que, a los sesenta, no le importaba mucho si sus versos permanecían o no. «Pero me han dicho —añadió con renovado y repentino ímpetu—, me han dicho que a los setenta vuelve a importarte muchísimo, en cuyo caso espero morirme a los sesenta y nueve». Y a continuación nos entregamos a aquella fiesta de viejos amigos, que habría de ser tan feliz por su falta de discursos.