La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown El rostro del duque permaneció inalterado, pero miró al peticionario con una fijeza glacial, componiendo la expresión más horrible que he visto en una cara humana. Las largas piernas del bibliotecario comenzaron a temblar y daban la sensación de ser los reflejos de las ramas en el agua, y no podÃa expulsar de mi propia mente la idea de que los árboles que nos rodeaban con su silencio estaban llenos de diablos en vez de pájaros.
–Se lo ahorraré -dijo el duque con una voz de compasión inhumana-; rechazo su petición. Si le doy la mÃnima indicación del horror que tengo que soportar a solas, yacerÃa aterrorizado a mis pies suplicando que no le revelase nada más. Le voy a ahorrar esa indicación. No conocerá la primera letra de lo que está escrito en el altar del dios desconocido.