La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown –Lo mejor será que tenga cuidado de ese yanqui, o el titular «Crimen de John Boulnois» estará en todos los periódicos.
–No lo entiende -dijo Mistress Boulnois-, no le importarÃa, no creo que se imagine que América es un lugar real.
Cuando el padre Brown alcanzó la casa con el panal de abejas y la caseta de perro, una criada pequeña y aseada le mostró el salón donde, efectivamente, Boulnois estaba sentado leyendo al lado de una lámpara, exactamente como su esposa lo habÃa descrito. Una botella de oporto y una copa estaban a la altura de su codo, y en el instante en que entró, el sacerdote notó la larga ceniza que aún permanecÃa en el cigarro.
«Ha estado aquà al menos media hora», pensó el padre Brown. De hecho, tenÃa el aspecto de haber estado allà sentado desde la cena.
–No se levante, Mr. Boulnois -dijo con su habitual tono amable y prosaico el sacerdote- sólo le interrumpiré un momento. Me temo que le importuno en medio de sus estudios cientÃficos.