La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown Sus brillantes ojos se abrieron y refulgieron con una intensidad eléctrica, y ahora reflejaban perplejidad en vez de miedo o inseguridad.
–¿Qué quiere decir? – exclamó-. ¡Todos los criados estaban fuera de casa, viendo la obra de teatro, y no tenemos mayordomo, gracias a Dios!.
El padre Brown la miró fijamente y giró como una absurda peonza.
–¿Qué?. ¿Qué? – gritó galvanizado-. Mire, ¿podré encontrar a su esposo si voy a su casa?.
–¡Oh!, los sirvientes estarán regresando ahora -dijo ella con sorpresa.
–¡Cierto!. ¡Cierto! – repitió enérgicamente el clérigo, y salió disparado por el sendero hacia la puerta del parque.
Cuando habÃa avanzado una corta distancia, se volvió y dijo: