La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown –No puedo analizarme bien a mi mismo -siguió Boulnois-, pero sentado en este sillón con esta historia era tan feliz como un escolar en un dÃa de vacaciones. Era seguridad, eternidad…, no lo puedo expresar bien…, los cigarros estaban al alcance de la mano, al igual que las cerillas…, también tenÃa El dedo sangriento…, no sólo era la paz, sino la plenitud. Entonces sonó el timbre durante un minuto largo y mortal y no pude levantarme del sillón, literal, fÃsica y muscularmente no pude. Luego lo hice como un hombre que levanta en vilo el mundo, ya que sabÃa que no quedaba ningún criado. Abrà la puerta y habÃa un hombre pequeño con la boca abierta dispuesta a hablar y su libreta abierta para escribir. Recordé al yanqui entrevistador, al que habÃa olvidado por completo. Su pelo llevaba una raya en la mitad y le digo que ese asesinato…
–Comprendo -dijo el padre Brown-, he estado allÃ.
–Yo no he cometido ningún asesinato -continuó suavemente el catastrofista-, sólo perjurio. Dije que me habÃa ido a Pendragon Park y le cerré la puerta. Ése es mi crimen, padre Brown, y no se qué pena me puede aplicar por ello.