La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown Pese a su apariencia prosaica y a su modo práctico de conducirse en la vida, el padre Brown no carecÃa de cierto toque romántico, aunque solÃa guardarse para si sus sueños, como lo hacen muchos niños. Entre los vivos y brillantes colores de ese dÃa, y en el marco heráldico de esa ciudad, sentÃa como si estuviese en un cuento de hadas. Encontró un placer infantil, como es corriente en un hermano menor, en el formidable bastón estoque que Flambeau siempre agitaba mientras caminaba y que ahora reposaba vertical al lado de su jarra muniquesa. No, en su irresponsabilidad soñolienta se habrÃa encontrado incluso mirando la empuñadura nudosa y desgastada de su deslustrado paraguas con los recuerdos de un ogro en un libro coloreado para niños. Pero era incapaz de componer algo ficticio, a no ser en el cuento que sigue a continuación:
–Me pregunto -dijo- si alguien puede tener aventuras reales en un lugar como éste, si uno se podrÃa poner en el estado de ánimo. Es un escenario espléndido para ellas, pero siempre siento que lucharÃan con uno valiéndose de sables de cartón antes que con reales y horribles espadas.
–Está equivocado -dijo su amigo-, en este lugar no sólo luchan con espadas, sino que matan sin ellas, y hay algo aún peor.