La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown Mientras, Muscari, sin esperar refuerzos, habÃa escalado hasta el camino y habÃa golpeado fuertemente en el hombro al rey de los bandoleros, logrando que se tambalease. Montano también blandió su machete, y Muscari, sin más palabras, lanzó un golpe hacia su cabeza que el primero se vio obligado a parar y esquivar. Pero en cuanto las dos armas blancas entrechocaron, el Rey de los Ladrones arrojó deliberadamente la suya y rió.
–¿Para qué seguir? – dijo con desidia italiana-. Esta condenada farsa está a punto de acabarse.
–¿Qué quieres decir, cobarde? – jadeó el arrebatado poeta-. ¿Acaso tienes tan poco coraje como honestidad?.
–Todo en mi es vergonzoso -respondió el ex intermediario con buen humor-. Soy un actor, y si alguna vez tuve un carácter privado, lo he olvidado. Soy tan bandolero como intermediario. Sólo soy un puñado de máscaras y tú, si quieres, puedes pelearte con ellas.
Y se rió con un placer infantil, volviendo a su antigua actitud equÃvoca y dándole la espalda a la escaramuza que acontecÃa más arriba.