La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown Era una figura robusta, con un pequeño sombrero tirolés de fieltro, y su aspecto tenÃa, ciertamente, algo de tirolés. Las espaldas del hombre eran anchas, pero sus piernas parecÃan ligeras, enfundadas en pantalones cortos y calcetines largos. Su rostro estaba bronceado como una castaña; tenÃa unos ojos brillantes e inquietos; su pelo oscuro estaba peinado hacia atrás, mostrando una frente ancha y poderosa, y lucÃa un mostacho negro enorme, como los cuernos de un bisonte. Por regla general, una cabeza asà descansa sobre un cuello de toro, pero en este caso lo hacÃa sobre una gran bufanda abigarrada, que le rodeaba las orejas y que caÃa por delante, en el interior de la chaqueta, como un chaleco extravagante. Era una bufanda de color rojo oscuro, dorado y púrpura, probablemente de fabricación oriental. En todo caso, el hombre tenÃa algo bárbaro en su aspecto, parecÃa más un criado húngaro que un oficial galo. Su francés, sin embargo, era obviamente el de un nativo, y su patriotismo era tan impulsivo que llegaba al absurdo. Su primer acto al salir de la arcada fue gritar a voces en plena calle:
–¿Hay algún francés aqu�.
Sonó como si estuviera llamando a los cristianos en La Meca.