Cien años de soledad
Cien años de soledad Mientras tanto, la generación más joven de los BuendÃa comenzaba a enfrentarse a sus propios demonios. Aureliano José, el sobrino de Amaranta, encontró en su obsesión por su tÃa un deseo prohibido que lo atormentaba. Amaranta, siempre orgullosa y herida, lo rechazaba una y otra vez. —Esto que sientes no es amor, Aureliano —dijo una noche, alejándose de él mientras él buscaba tomarle la mano. —¿Y qué importa cómo lo llames? —insistió él—. Es lo único que me hace sentir vivo. Pero Amaranta, atrapada en su propio miedo al rechazo, se negó a ceder, dejando a Aureliano José con un vacÃo que nunca podrÃa llenar.
En paralelo, Rebeca, la mujer que una vez llenó la casa de los BuendÃa con su extraña costumbre de comer tierra, se aisló en su hogar, convertida en un espectro vivo. Después de la muerte de su esposo José Arcadio, se sumió en un silencio profundo, cerrando las puertas y ventanas de su casa como si quisiera sellar el mundo afuera.