Cien años de soledad
Cien años de soledad —Aureliano, ¿por qué siempre estás tan callado? —le preguntó una noche, mientras cenaban bajo la luz vacilante de una lámpara. —Porque las palabras no cambian lo que está escrito —respondió él, con una mirada que parecÃa atravesar el presente.
El vÃnculo entre ellos creció, pero no era un lazo común. Era algo que desafiaba las normas, que se sentÃa inevitable, como si los siglos de soledad de los BuendÃa los hubieran empujado uno hacia el otro. Gastón, ajeno a esta conexión, partió en busca de un negocio en otro paÃs, dejando a Amaranta Úrsula y Aureliano solos en la casa.
El amor entre ellos floreció, y por un breve instante, parecÃa que Macondo podÃa renacer. Amaranta Úrsula quedó embarazada, y la esperanza de un nuevo BuendÃa encendió una chispa en su interior. —Este niño cambiará todo —dijo ella, acariciándose el vientre mientras miraba a Aureliano con ojos llenos de ilusión. —Tal vez sea demasiado tarde para cambiar algo —respondió él, aunque no pudo evitar sonreÃr ante la idea.